Sigo viendo desde mi ventana los coches abajo aparcados como el descanso final, como mi último colchón. En la adolescencia pensaba en el suicidio como un impulso propio de mi edad, algo que pasaría antes que el acné. Nunca se marchó. Está enraizado en mis entrañas. Y la idea de que esa salida siempre me acompaña es reconfortante.
Imágenes de "La hora del lobo" ("Vargtimmen"), 1968, de Ingmar Bergman. (Perdón por ser la versión doblada).
Bueno, lo tendré en cuenta, sobre todo para jamás aparcar bajo tu ventana. Y otra cosa, antes de saltar acuérdate de dejar por escrito que me legas todos tus discos, ok? Saludos...
ResponderEliminarTe dejaré solo los de Radiohead.
ResponderEliminarPues si sólo van a ser tus discos de tu amiguito Tom Yorke, los usaré para evitar el contacto directo con el suelo de las macetas de mi balcón...
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