La humanidad a escala que es la familia. Las mentiras, abusos, luchas de poder, envidias y palabras enquistadas que se enmascaran en el supuesto debido cariño de la cotidianidad. La necesidad de percibir estos vínculos sociales como sólidos y fuera de toda duda llevan el odio a la categoría de trauma. A intentar cargar con ese cuerpo muerto no sólo con resignación, si no con la alegría propia de las fiestas de guardar. A esconder puñales con sonrisas.
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