He deseado el fuego y la guerra. He creído en la violencia como vía de escape y viable revulsivo a la situación de asfixia social a la que nos aboca el atroz neoliberalismo. Qué estupidez. El levantamiento sería aplastado. Las balas responderían a las piedras, los tanques a las barricadas, los bombardeos a las consignas. Aunque se diese la remota posibilidad de que parte del ejército se levantase en armas (única manera de que el pueblo tuviese alguna capacidad real), los aliados del mercado sofocarían con toda su potencia cualquiera que fuese el ascua de desesperación a lo largo de este decrépito continente. No sé cuál es la solución. Aunque puede que finalmente fuese ésta misma. La aniquilación total de la disidencia como única liberación para ambas partes.
Escena perteneciente a "Caché" de Michael Haneke, de 2005.
Haz como yo, emigra a nuestros vecinos del norte. Quizá con un poco de chovinismo gabacho todo sea más llevadero...
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