Hace un tiempo pedía un tratado psiquiátrico sobre la inevitabilidad de la corrupción política. No era capaz de encontrar una explicación a esta maraña de señores de impolutos peinados abriendo telediarios y actuando de una manera tan idénticamente irracional y enfermiza. Las respuestas a menudo te llegan simultaneamente y desde diversas fuentes. Esta vez varios artículos conectando el placer de ganar dinero y jugar con él, al del consumo de cocaína. Estas experiencias provocan la liberación de dopamina en una serie de regiones cerebrales (núcleo accumbens, corteza
prefrontal, núcleo estriado dorsal y amígdala) que generan una sensación
placentera y asociada para siempre tanto a ellas como a los actos precedentes y coincidentes. Efectivamente, personas con una vida estable, familia, una "excelente posición social" deseada y conseguida, poder e importantes ingresos derivados del desempeño de sus cargos políticos o administrativos, se ven abocados a la autodestrucción del desvío de capitales y de la grotesca acumulación de cuentas fraudulentas y de montañas de dinero al que no accederán jamás por el rastro que su uso produciría y que no podrían gastar aunque comprasen trescientos años. Este absurdo comportamiento no puede deberse más que a la adicción. Son yonkis. Capaces de destrozarse a sí mismos y a los que los rodean por un poco más de evasión de impuestos, por una nueva empresa fantasma, por un último viaje a Suiza acompañados de sus amados maletines. Un tirito más, la última falsificación, mañana no, mañana ya no, yo controlo, yo no soy como esos idiotas.
Güena reflexión, mon ami. También he leído algo sobre la excitación de zonas concretas del coco jugando y ganando pasta que vienen a ser las mismas zonas que excita la cocaína, malditos malnacidos todos ellos. Y el video me ha gustado mucho. Salut!
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