El anonimato en la red proporciona un magnífico atril a
cerdos que no se atreverían de otra manera a exhibir toda la inmundicia que
fermenta en sus intestinos. Aún con nauseas por algunas cosas leídas y vistas
demasiado fáciles de encontrar, vuelvo a replantearme el derecho a la libre
expresión. O más bien el de otros a
colgar a estos animales (y sólo el hombre es capaz de estos niveles de depravación) de un garfio en cualquier sucio matadero.
La idea era acompañar estas palabras de la matanza del cerdo de "Benny's Video" de Haneke, pero es tan desagradable que me acercaría demasiado a aquellos atriles. Por ello incrustaré algo más agradable.
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