"La vanidad de la escritura, del verbo, de la tragedia, de la autocompasión. Nada hace un llanto tan ridículo como un espejo."

viernes, 18 de febrero de 2011

                El fracasado lo es por la conciencia de serlo, por la asunción del hecho, sin peros ni concesiones, de la rotura del globo que te sostenía allá arriba y la visión repentina de un entorno que en nada se asemeja a lo que una vez imaginaste u otros imaginaron por ti. Y cuanto más bello y real lo dibujaran, cuanto con más detalles y pinceladas recargaran ese fantástico cuadro manierista, más lejos te encontrarás del ficticio punto de partida y entonces, al principio, te sentirás enfadado e iracundo, además de impotente al no poder descargar ya tu rabia contra los mentirosos y sus malignos engaños, que creíste sin reservas y sobre los que se construyó una vida que se desmorona en horas de salas de espera y ansiolíticos. Después llegará la calma del que ya no espera nada, tumbado al sol, flotando sobre un trozo de madera. A la deriva.



Imágenes de "De Helaasheid der Dingen", 2009, de Felix Van Groeningen.

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