El fracasado lo es por la conciencia de serlo, por la asunción del hecho, sin peros ni concesiones, de la rotura del globo que te sostenía allá arriba y la visión repentina de un entorno que en nada se asemeja a lo que una vez imaginaste u otros imaginaron por ti. Y cuanto más bello y real lo dibujaran, cuanto con más detalles y pinceladas recargaran ese fantástico cuadro manierista, más lejos te encontrarás del ficticio punto de partida y entonces, al principio, te sentirás enfadado e iracundo, además de impotente al no poder descargar ya tu rabia contra los mentirosos y sus malignos engaños, que creíste sin reservas y sobre los que se construyó una vida que se desmorona en horas de salas de espera y ansiolíticos. Después llegará la calma del que ya no espera nada, tumbado al sol, flotando sobre un trozo de madera. A la deriva.
Imágenes de "De Helaasheid der Dingen", 2009, de Felix Van Groeningen.
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