"La vanidad de la escritura, del verbo, de la tragedia, de la autocompasión. Nada hace un llanto tan ridículo como un espejo."

martes, 5 de abril de 2011

     Hoy he conocido a una persona afectada por la Corea de Huntington, un síndrome degenerativo y neuropsiquiátrico caracterizado por fuertes espasmos y un daño neuronal que los lleva irremediablemente a una horrible muerte en la que lo único que queda es un cuerpo sufriente atado a una cama para controlar la violencia de sus últimos movimientos.
     Pero me decido a hablar de ella por una característica propia del síndrome y no común con otras enfermedades que podrían ser igual o más dolorosas que la Corea. La tasa de suicidios de los aquejados de esta dolencia es altísima. Cuatro veces lo ha intentado ya esta encantadora persona con la que he pasado unas horas de mi tarde de hoy. Hay un impulso propio del síndrome, algo que se activa o desactiva en sus cerebros ante situaciones de frustración que los lleva a la autodestrucción. Nada que ver con problemas existenciales, con la consciencia de un terrible futuro, o la dureza de un presente en el que el cuerpo se rebela contra sí mismo. Es algo independiente al sufrimiento intrínseco del enfermo. La zona suicida del cerebro se despierta y actúa contra su portador. 

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