"La vanidad de la escritura, del verbo, de la tragedia, de la autocompasión. Nada hace un llanto tan ridículo como un espejo."

jueves, 20 de octubre de 2011

     Hay quien me pide respeto ante mis furiosos ataques hacia la cultura de masas. La de cantantes de concursos y el mal llamado cine "de entretenimiento". Esgrimen invariablemente sus razones para este consumo en las estrechas intenciones del pasatiempo y la relajación, a la vez que se defienden escudándose en la consideración que cualquier gusto, sea el que sea, se merece.
     Y no, no todo es tolerable. No cuando la industria devora y aplasta cualquier atisbo de calidad en el arte y toda aquella expresión cuya comprensión requiera un mínimo esfuerzo intelectual. Porque el objetivo final del mercado y del sistema en el que se basa, es la alienación. Una sociedad idiota que no busca, que no se desarrolla, que no mira más allá de sus pantallas de televisión es manipulable. Y esta maleabilidad se da gracias a la ocultación de todo aquello que produzca desasosiego mental, de todo lo que pueda desestabilizar esa relajación, ese estado de paz mentirosa que produce la cultura plana, carente de fondo e idiotizante con la que los medios atiborran los aletargados sentidos de la multitud.
     Así que otra vez no, nunca tendréis mi respeto. Obtendréis mis peores palabras ante vuestros gustos, que ni siquiera habéis decidido, que son los que ellos quieren que sean en todo momento y que duran el tiempo que deciden. No tendréis mi respeto porque os están destruyendo, lavando vuestros cerebros y acabando vuestra capacidad de decisión, y os manejan y os dictan qué escuchar, qué ver y qué comer. Y han conseguido convenceros (y he aquí la malignidad más inteligente de la maquinaria del mercado) de que la basura que es proporcionan a todas horas, que el bombardeo de inmundicia con el que colman vuestras habitaciones es buena, y os hace bien y no merecéis algo mejor porque en definitiva no hay nada más. Que hay que ver para olvidar y escuchar para tranquilizarse.
     No respetaré sus mentiras. No respetaré la falsedad en la que vivís mientras maravillas como esta permanezcan enterradas bajo toneladas de podredumbre.

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