Allí estaban. Con sus botas de pico, embutidos en camisas estampadas y asombrosamente bien despeinados. Luciendo orgullosos sus impostadas posturas y movimientos ensayados frente al espejo entre lo que ya es toda una pléyade de acólitos. Con los bolsillos llenos de cocaína y el hielo tintineando en sus copas, preparados para asaltar el escenario y más tarde los retretes, es la secta de la que todos hablan. Todos los conocen y a todos nos encanta contar sus anécdotas como propias, como vividas. Se ha convertido en algo imposible mantener una conversación sin que termine aflorando como un melanoma alguno de sus nombres. Y envidiamos a aquellos que han compartido un buen batir de mandíbulas con los viejos dinosaurios del rock. Y a aquellas que han podido comprobar que sus estrechos pantalones no han afectado a su virilidad. Adoraríamos ser junto a ellos los que miramos a los demás por encima del hombro, los que criticamos todo lo que no huela a rancio alcohol descompuesto en el suelo. Y saber dónde compran esos cinturones de piel de serpiente y cómo son capaces de disimular la incipiente calvicie que les acecha. Cuánto hay que esnifar para mantener el tipo que las vuelve locas, para parecer tan machos, tan hombres de verdad. Para que parezca que la sarta de sandeces de las que hablan son interesantes, para que el continuar maltratando la misma música que ya quedó caduca hace cincuenta años siga metiendo en sus camas a jóvenes y estúpidas mártires, vomitadas la mañana siguiente junto con toda la mierda en sus estómagos.
Tanta envidia va a matarme.
El rock´n´roll va a acabar conmigo.
Desconozco el porqué de tu odio visceral a todo lo que huela a rock&roll pero te guste o no en la música popular todo o casi es rock&roll amigo Nadie...
ResponderEliminarEn realidad las estructuras, armonías y sistemas tonales usados en la actualidad se encuentran enraizados en la música barroca y renacentista de los siglos XVII y XVIII. Y no veo a nadie por la calle con pelucas empolvadas de blanco o brocados de seda y encaje. Tampoco son las arias de Bach las que saturan el panorama musical de la ciudad con la falta de respeto hacia otras tendencias y estilos que los nuevos fascistas del rock y dictadores del panorama actual demuestran.
ResponderEliminarHay tanta música que encuentro absolutamente detestable este partidismo y ausencia de apertura mental de la que se jacta la secta del pantalón de pitillo. La ignorancia que alardea de su ignorancia es la más peligrosa.
Y el halo de superioridad hedionda que desprenden estos que se creen los adalides y cruzados de "lo auténtico" no es más que la esencia de la estupidez que les impide tanto retroceder como avanzar en la historia y el conocimiento.
Aquí tiene algunos motivos de mi odio, pero verá usted, señor rastreador, que no hablo del estilo de música en sí, ya que se equivoca si piensa que odio el rock´n´roll. Y si eso ha entendido de mi entrada, quizás el motivo sea que no ha leído usted con suficiente atención o claridad mental.
Probablemente leí su entrada un día en el que mis piernas estaban enfundadas en pantalones pitillo y, claro, con la entrepierna apretada uno no tiene suficiente claridad mental. Igualmente discrepo sobre su explicación acerca de todo lo que huela a rock&roll...
ResponderEliminarDiscrepa de la explicación, de los adverbios, de los adjetivos, de los verbos utilizados, del hecho de que escriba sobre ello, de la sintaxis, de la semántica o de la pragmática?
EliminarY repito, no hablo de todo lo que huela a rock´n´roll, sino de la secta. Tenga usted cuidado con esos pantalones y su contenido, que parece que esté teniendo consecuencias irreversibles.