El bien, el mal, la confianza, la culpa o la traición son construcciones éticas tan artificiales como una barra de pan. No existen fuera de nosotros y nuestra cultura, ni tienen la entidad física, empírica y palpable que pudiera tener un insecto. Es tan absurdo que nuestras vidas giren alrededor de estos conceptos como el acto de encerrarse en un convento. Se trata de una cuestión de fe. De creer en ellos y de participar en la mística de su significado, creado por otros y adaptado siempre al momento actual y sus necesidades de convivencia social.
DER KLEINERE
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