Creo que ya escribí sobre la obsesión que suele acompañar al abondono sentimental. Sobre el ego dolorido y la imposibilidad de perpetuar la genética con quien se cree el adecuado. Las cosas del amor no suelen ya penetrar en la costra densa y grisácea que me envuelve, pero el imaginar ese bucle constante y agotador en la mente de una persona obsesivo compulsiva y la visceralidad con la que lo expresa Neill Hilborn (afectado por ese trastorno) han conseguido emocionarme.
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