Estoy muy cansado de mi ciudad, de mi país.
De un lugar donde la
ignorancia y la incultura son estandartes llevados con orgullo y
chulería.
De una gente para la que no existe el respeto o la empatía,
donde la educación para con los demás es algo extinto que las nuevas
generaciones ya nunca conocerán.
Un país con una fuerza de trabajo sólo
caracterizada por su indolencia, su pereza y su apatía y donde cada cual
roba lo que puede y en la medida que puede cobrándose aquello que cree
merecer. Y así, en una sociedad donde el latrocinio es generalizado, no
importa lo que hagan sus dirigentes. El índice de popularidad va sólo en función del número de cadenas de televisión que te
pertenezcan y de los minutos que en ellas puedas aparecer.
Estoy cansado
del griterio, del ruido y de las risas de una mesa que impiden tener
una conversación a las otras seis que la circundan. Harto de la gracia y
el arte andaluces que dejan vacíos museos y bibliotecas. De que se ocupen más minutos en los telediarios parloteando de fútbol que de todas aquellas cosas que son necesarias saber. Y que cuando por alguna extraña razón ésto no sucede los indices de audiencia caigan a las mismas cloacas donde se esconde lo verdadero.
De un país que
se declara laico y en el que cada fiesta es organizada alrededor de
algún santificado muñeco que pasear por las avenidas, protegido, cómo no,
por policía o ejército y aplastando e insultando a aquellos que somos
incapaces de entender cómo puede una ciudad permanecer bloqueada durante
semanas a causa de la superstición.
Asqueado de empresarios de patilla
grande y corto entendimiento, soporte económico de nuestra nación y
beneficiados por la legislación para poder gastar un poquito más en
putas.
De que el partido en el poder y su séquito mediático se
nieguen a condenar la dictadura de la que son hijos bastardos y que sus
alcaldes protejan en las calles los nombres de sus admirados líderes
fascistas. Y que ésto suceda durante demasiado tiempo sin que corra sangre por las calles.
De un sistema educativo tan deficiente que no procure un
segundo idioma que te permita elegir si quieres seguir hundido en esta
inmundicia o conocer alguna otra.

Buena reflexión amigo, y muy bien expresada, da gusto leerte. Te acompaño en el sentimiento. Vente pa Francia coño, que aquí hay muy buenos vinos para evadirse de lo real (aunque la mierda sea de un color parecido) y por norma general la gente no grita y lleva la educación por bandera!
ResponderEliminarPor cierto, la ilustración de los cojones calibre gordal muy buena también...
ResponderEliminarAy Rastreador, es que Francia está llena de franceses..
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