Algunas
cosas importan y otras no tanto.
Importa
una mujer maltratada por su marido en Córdoba, pero no los cientos de ellas que
son lapidadas cada mes en diferentes países africanos y de oriente medio con el
beneplácito de sus gobiernos.
Importan
diez jóvenes obligadas a ejercer la prostitución en un bar de carretera
segoviano y no tanto las 619 violaciones (de las que 288 fueron a menores) perpetradas
en lo que va de año en el Congo.
Importa
un caso de abusos sexuales a un menor por parte de un cura en algún pueblo
extremeño pero no que en Tailandia las estimaciones acerca de la cantidad de
niños obligados a practicar la prostitución llegan a los ochocientos mil.
Importa un cargamento de ropa falsificada interceptado en Algeciras y no tanto las miles de familias chinas explotadas en un sistema de semiesclavitud para manufacturarlas y así colmar nuestras exigencias de consumo.
Importa un cargamento de ropa falsificada interceptado en Algeciras y no tanto las miles de familias chinas explotadas en un sistema de semiesclavitud para manufacturarlas y así colmar nuestras exigencias de consumo.
Importa
una granja ilegal de quince galgos hacinados en Asturias y no las cien millones de vacas
o los cuatrocientos millones de ovejas sobreviviendo en condiciones lamentables para finalmente ser asesinadas y devoradas por el ser humano cada año.
Tanzania
no importa.
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