"La vanidad de la escritura, del verbo, de la tragedia, de la autocompasión. Nada hace un llanto tan ridículo como un espejo."

martes, 20 de agosto de 2013

      Estoy muy cansado de mi ciudad, de mi país.
      De un lugar donde la ignorancia y la incultura son estandartes llevados con orgullo y chulería.
      De una gente para la que no existe el respeto o la empatía, donde la educación para con los demás es algo extinto que las nuevas generaciones ya nunca conocerán.
      Un país con una fuerza de trabajo sólo caracterizada por su indolencia, su pereza y su apatía y donde cada cual roba lo que puede y en la medida que puede cobrándose aquello que cree merecer. Y así, en una sociedad donde el latrocinio es generalizado, no importa lo que hagan sus dirigentes. El índice de popularidad va sólo en función del número de cadenas de televisión que te pertenezcan y de los minutos que en ellas puedas aparecer.
      Estoy cansado del griterio, del ruido y de las risas de una mesa que impiden tener una conversación a las otras seis que la circundan. Harto de la gracia y el arte andaluces que dejan vacíos museos y bibliotecas. De que se ocupen más minutos en los telediarios parloteando de fútbol que de todas aquellas cosas que son necesarias saber. Y que cuando por alguna extraña razón ésto no sucede los indices de audiencia caigan a las mismas cloacas donde se esconde lo verdadero.
      De un país que se declara laico y en el que cada fiesta es organizada alrededor de algún santificado muñeco que pasear por las avenidas, protegido, cómo no, por policía o ejército y aplastando e insultando a aquellos que somos incapaces de entender cómo puede una ciudad permanecer bloqueada durante semanas a causa de la superstición.
      Asqueado de empresarios de patilla grande y corto entendimiento, soporte económico de nuestra nación y beneficiados por la legislación para poder gastar un poquito más en putas.
      De que el partido en el poder y su séquito mediático se nieguen a condenar la dictadura de la que son hijos bastardos y que sus alcaldes protejan en las calles los nombres de sus admirados líderes fascistas. Y que ésto suceda durante demasiado tiempo sin que corra sangre por las calles.
      De un sistema educativo tan deficiente que no procure un segundo idioma que te permita elegir si quieres seguir hundido en esta inmundicia o conocer alguna otra.

3 comentarios:

  1. Buena reflexión amigo, y muy bien expresada, da gusto leerte. Te acompaño en el sentimiento. Vente pa Francia coño, que aquí hay muy buenos vinos para evadirse de lo real (aunque la mierda sea de un color parecido) y por norma general la gente no grita y lleva la educación por bandera!

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  2. Por cierto, la ilustración de los cojones calibre gordal muy buena también...

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  3. Ay Rastreador, es que Francia está llena de franceses..

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