Es demencial la importancia que desde los medios se le concede a la muerte de cualquier integrante de las fuerzas de seguridad del estado ya se haya producido en alguna misión o limpiando su arma reglamentaria. Se supone que la diferencia de ésta con la de un camionero también fallecido durante el desempeño de su labor es que la del primero se deriva de la defensa de la patria y los ciudadanos que en ella viven. Todos sabemos que a estas alturas el valor del concepto de bien común de los integrantes de estas fuerzas se corresponde únicamente con la nómina que por él les es asignada. Y que a estos descerebrados armados les importa nuestro bienestar bastante menos que la letra mensual de su nuevo Seat León e infinitamente menos que el placer que de forma obvia les conlleva el ejercicio de su poder sobre la población civil.
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